José Antonio Arrabal

Prensa DMDTestimonios

«Me indigna tener que morir en clandestinidad».

Desde que en 2015 le diagnosticaran, Arrabal tuvo claro lo que no quería: ni acabar como un vegetal, ni hipotecar la vida de su familia. Decidió morir sin sufrir y bajo su propia voluntad antes de perder por completo el control de su cuerpo.

Durante meses planificó su final. Dos años después del diagnóstico, ante el riesgo de perder la movilidad en las manos (y por tanto la posibilidad de morir sin ayuda) decidió que era el momento. Durante sus últimos meses contó a los medios de comunicación sus deseos y los motivos tras su decisión. Una mañana de abril de 2017, cuando su familia lo dejó solo, tomó una mezcla de fármacos y se quitó la vida.

Arrabal decidió hacer público su final para denunciar que, sin una ley de eutanasia, había tenido que adelantar su muerte y organizarla de forma clandestina para evitar problemas a su familia.

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