Los obstáculos a la solicitud de eutanasia

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Antonino murió enfermo, sufriendo un gran padecimiento y sin que le dejasen registrar su solicitud de eutanasia. Un caso más que no aparecerá en las estadísticas

Por ANTÓN G. FERREIRO.

Todo comenzó un lunes, 17 de abril de 2023, cuando Antonino González, un jubilado burgalés de 78 años, visitó a su médica de cabecera acompañado de su hija Judit, porque le dolían las rodillas y perdía fuerza en las piernas. La doctora le restó importancia. Antonino y su familia no lo sabían, pero en ese momento acababa de empezar una pesadilla que acabaría con su fallecimiento en completa soledad, sin que nadie atendiese su solicitud de eutanasia.

Después de la consulta médica fuimos a comprar un bastón, para que tuviese más seguridad», continúa Judit, que vive y trabaja en Barcelona. «Cuando volví de vacaciones fui a verlo y prácticamente no se podía levantar, se tenía que ir agarrando a las paredes porque las piernas no le sujetaban; me asusté mucho y nos fuimos a urgencias». Los especialistas hablaron de enfermedad neurodegenerativa.

«Nuestro padre, al verse impedido para hacer su vida normal, nos dijo que le buscásemos una residencia pequeña en algún pueblecito fuera de Burgos», Antonino ingresó en el pabellón de no dependientes de una residencia pequeña, donde pronto hizo amigos.

Pocos días antes de su ingreso, Antonino, que había celebrado en 2021 la aprobación de la LORE, entregó su testamento vital, donde indicaba que ante una enfermedad mortal solicitaba la eutanasia: «yo quiero seguir existiendo mientras siga siendo yo, y cuando deje de serlo, pues eutanasia». Sus hijos señalan que la «línea roja» a partir de la cual su padre no quería seguir viviendo era el atragantamiento.

Después de un período relativamente largo de revisiones, el 18 de junio de 2024 los neurólogos confirmaron que Antonino sufría esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Su padre reaccionó con tranquilidad, «porque sabía que con una enfermedad terminal diagnosticada ya podía pedir la eutanasia». La familia había contactado con la asociación de enfermos de ELA de Castilla y León, «que nos prestó una ayuda impagable».

Apareció la «línea roja»

«Durante estos meses, dejó de tener fuerza en las manos, y en julio lo trasladaron al pabellón de dependientes; lo que empeoró muchísimo su ánimo”, dicen sus hijos. El 7 de noviembre de 2024, después de una serie de pruebas, la endocrinóloga le dijo a Antonino que se podía empezar a atragantar con su propia saliva. «Nuestro padre nos miró, y nos dimos cuenta de que había aparecido la línea roja». La doctora escribió en su informe: «el paciente, en presencia de familiares, expresa que desearía la eutanasia; entiende la enfermedad que padece y que no tiene tratamiento específico. Ya había hablado previamente de esto con sus hijos. Actualmente se mantiene bien cognitivamente y tiene documento de instrucciones previas; lo hablarán con su médico de familia para iniciar el proceso».

El calvario de la solicitud

«Nuestro padre, con nuestra ayuda ya que apenas hablaba, informó a la directora de la residencia y le entregó la solicitud de eutanasia para que la enviase al médico de cabecera correspondiente al centro». La directora trató de convencerlos para que no apoyasen la petición de su padre. La familia ya había contactado con Derecho a Morir Dignamente (DMD) en busca de asesoramiento.

Los hijos llamaron varias veces a la directora, hasta que ella confesó que no había entregado la petición y que no veía tan mal a su padre, «que no hay que animarlo a hacer estas cosas». La infantilización de su padre enfadó a los hijos de Antonino, que decidieron contactar directamente con el médico de cabecera.

La llamada al médico de cabecera se produjo el miércoles 20 de noviembre. Los hijos le informaron de la petición de su padre, y dijeron que si no podía hacerse cargo como médico responsable se lo dijese, para acudir directamente a la neuróloga. La respuesta del médico merece la transcripción casi textual de la misma: «mire, no es que quiera quitarme el muerto de encima, pero ni quiero ni puedo hacerme cargo de esa solicitud, no tengo conocimientos ni tiempo, soy objetor y si recibo esa solicitud la dejaré encima de la mesa».

«Ese día llamamos a la neuróloga, que tampoco nos atendió telefónicamente al principio; luego, una enfermera nos dio cita para el 25 de noviembre. Mi hermana fue al hospital a comunicarle la petición a la neuróloga, que la tranquilizó y le dijo que al día siguiente nos llamaría». Nadie llamó. DMD les advirtió de que si la neuróloga no recogía el formulario era porque no se iba a hacer cargo de tramitar la eutanasia. Judit decidió llamar a la Comisión de Garantías, que contestó que allí no les constaba ningún expediente a nombre de Antonino González. «Mis superiores les llamarán lo antes posible», dijeron.

«Nadie nos ayuda, papá»

Ese mismo jueves, casi sin poder expresarse, Antonino llamó a Judit, «ya casi no hablaba, pero yo sabía que me llamaba para preguntarme cómo estaba el trámite, y le tuve que decir que nadie nos había ayudado hasta el momento, ni la directora, ni el médico, ni la neuróloga; su desesperación era tan grande como su resignación».

El viernes 30 de noviembre y el sábado 1 de diciembre, Antonino recibió varias visitas familiares. El compañero que lo llevó el sábado en silla de ruedas a su habitación dijo que «Antonino se despidió de mi de forma inusual, rara».

Recordando aquellos días, Judit dice «no sé si el ser humano tiene la capacidad de apagarse a si mismo, pero eso fue lo que hizo mi padre aquella noche después de despedirse de sus familiares». Antonino falleció en la noche del 2 de diciembre; según el parte de defunción, por «insuficiencia respiratoria».

Pero el surrealismo burocrático no había acabado. Ese día fue el velatorio y el 3 el entierro. En medio de la ceremonia, Judit recibió una llamada de la Comisión de Garantía, «les informé que habían llegado tarde y les colgué». La Comisión quería comunicarles que habían encontrado un médico responsable para la eutanasia de Antonino.

La familia denunció el asunto en la prensa con la ayuda de DMD. Casi un año después, nadie les ha dado explicaciones ni ofrecido disculpas.

2.475 solicitudes de eutanasia

El caso de Antonino no figurará nunca entre las 2.475 solicitudes de eutanasia realizadas en España desde que en 2021 entró en vigor la LORE (Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia), porque nadie tuvo a bien respetar sus derechos y registrar su petición. Como apunta Loren Arseguet, presidenta de AFDMD, hay poca información sobre las solicitudes de eutanasia realizadas y, muchas se pierden antes de llegar al médico responsable o nunca llegan a constar oficialmente. El hecho de que las competencias sanitarias estén transferidas a las comunidades autónomas, con la excepción de Ceuta y Melilla, sin un protocolo unificado de recogida de la información, no ayuda a la hora de estudiar la repercusión de la LORE en la sociedad española. El problema de casos como este es que la mayoría no los conocemos porque no constan en ningún sitio.

Los expertos consultados coinciden a la hora de denunciar la falta de formación de los profesionales sanitarios implicados en el proceso eutanásico. Chus Lago, trabajadora social de Vigo, e Irene Esperón, psicóloga de Paliativos del Hospital Meixoeiro (donde falleció por eutanasia nuestra compañera Laura), dicen que «aunque haya casos como el del presidente del Colegio de Médicos de Madrid, opositores claros de la ley, no creemos que haya un boicot organizado en contra, aunque es cierto que algunos ponen todos los palos que pueden en las ruedas del proceso. Lo ideológico muchas veces es una disculpa; hay soledad e ignorancia por parte de los médicos; si los profesionales sanitarios tuviesen un espacio donde les ofreciesen ayuda y apoyo, si les diesen más tiempo, habría más posibilidades de realizar eutanasias sin darle tantas vueltas, sin convertir la búsqueda de un médico responsable en un proceso interminable».

Muchas personas que solicitan una muerte digna ven cómo su petición es ignorada, sin ser registrada por presiones o consejos de médicos o del propio entorno familiar y de amistades, que re piten tópicos como «no es el momento».

El paternalismo médico lleva a un número indeterminado de personas a morir sin que se respete su voluntad. Un médico del Servicio Gallego de Salud (SERGAS), que no quiere ser identificado, admite que se convirtió en objetor «porque me produce mucha tristeza ayudar a morir a alguno de mis pacientes, no soporto ser un enterrador». Al menos ha aceptado tramitar alguna solicitud de eutanasia, derivándola a otro profesional.

«No es el momento, María»

La situación es especialmente difícil para personas que quieren la eutanasia en zonas rurales, dependientes de un médico y de una familia que no siempre aceptan la petición. Es el caso de María (nombre ficticio) profesora jubilada y enferma de ELA que residía en un municipio rural de Ourense. La familia se oponía a que María registrase su solicitud de eutanasia, y su médico de cabecera colaboraba en el aislamiento de la enferma, señalándole que «no era el momento, y cuando sea necesario podemos darte los cuidados paliativos necesarios».

Aislada en su casa, y con miedo a que la enfermedad la convirtiese en totalmente dependiente de un entorno médico y familiar que no la comprendía, María llamó directamente al 061 y contó su caso; los responsables de emergencias médicas se pusieron en contacto con la Comisión de Garantías de Galicia, y una profesional enviada por la administración visitó a María, que consiguió registrar su petición. Esa misma profesional, trabajadora social en Ourense, recuerda otro caso donde varios médicos y enfermeros ignoraron las repetidas peticiones de la familia de una señora de 103 años, no consciente, con una infección generalizada, una pierna parcialmente gangrenada y agitación constante, para que hiciesen una se dación paliativa. «No es el momento, señora, no está para una sedación», le dijo la doctora; la enfermera dijo a la familia que «ellos no estaban allí para matar a nadie». La ayuda compasiva y efectiva vino de un médico del 061, que quedó impresionado por la situación terminal de la señora y procedió a la sedación paliativa. La señora falleció horas después.

¿Cómo se inician los trámites de la eutanasia?

1. Comparte con tu médico/a tu voluntad. Dale tiempo

La Ley de eutanasia no dice nada sobre cómo elegir médico responsable (MR), puede ser cualquier médico colegiado, del sistema sanitario público o privado. Según el Manual de buenas prácticas «el paciente podrá elegir al médico/a responsable en el proceso de la prestación de ayuda para morir. Podrá ser su médico/a de atención primaria o de atención hospitalaria. En la mayoría de los casos, es previsible que sea el médico/a habitual o de confianza del paciente» (pág. 16).

Muchas personas no tienen un médico de confianza. Sea como sea tu relación médico–paciente, cuando le plantees si estaría dispuesto a ayudarte a morir, ten en cuenta que la eutanasia es una prestación nueva, que puede provocar cierta perplejidad (irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo, según la RAE).

Si le ha pillado por sorpresa, dale tiempo para procesar tu solicitud de ayuda para morir. Si te dice que no, porque es objetor de conciencia, o por cualquier otro motivo (objetor de conveniencia), propónselo a otro profesional. Pregunta al director del Centro de Salud o al jefe de servicio quién podría hacerse cargo de tu solicitud y si es necesario cámbiate de médico.

2. Entrega tu solicitud

Debes rellenar una solicitud por escrito, en un formulario oficial que encontrarás en la web de tu comunidad autónoma. La debes firmar en presencia de un profesional sanitario, que debe rubricarla. En Galicia y Asturias, la solicitud se entrega en el registro del centro sanitario y el MR lo designa la administración. En otras CCAA se envía después de firmarlo por mail a la administración para que tenga constancia de que se ha solicitado.

La mayoría de los profesionales que se niegan a colaborar son objetores de conveniencia. La eutanasia no les parece mal, pero ponen mil excusas para no implicarse personalmente (esas razones, como la carga de trabajo, existen, pero en las mismas condiciones otras compañeras sí atienden a la persona que solicita ayuda para morir).

Si el médico es objetor te lo tiene que decir desde el principio. Debe firmar tu solicitud y entregársela a su superior (por ejemplo, la dirección del Centro de Salud). El médico no se puede negar a recoger la 1ª solicitud. Si ocurre, o pasados unos días no te designan MR, háblalo con su superior y presenta una reclamación. Insiste hasta que te respondan. Llama a DMD para informar de estos obstáculos y solicitar asesoramiento, si es preciso.

3. ¿Por qué morir? Prepara tu relato

Reflexiona sobre tu voluntad, documenta tus diagnósticos, pronósticos y tratamientos y trata de ordenar tus razones para morir: tu experiencia de sufrimiento, las limitaciones en tu autonomía física, las alternativas de tratamiento, como los cuidados paliativos, el impacto del deterioro de tu calidad de vida, el significado que para ti tiene el valor dignidad, el sentido de tu vida, etc. Procura elaborar un relato que facilite que los demás comprendan por qué quieres que te ayuden a morir.

Si el/la MR considera que no cumples los requisitos puede denegar tu solicitud en 10 días, de forma motivada y por escrito. En ese caso, puedes presentar una reclamación a la CGE en un plazo de 15 días. Si el proceso sigue adelante, dile al MR que busque un/a médico/a consultor/a para que te vea en 15 ó 20 días, tras la firma de la 2ª solicitud.

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