Muchas personas que ven su solicitud de eutanasia denegada, optan por morir de forma solitaria y nada apacible. Hablamos del tabú del suicidio en soledad.
Al menos 469 personas que pidieron la eutanasia en España vieron denegada su solicitud. A partir de ese momento, no hay datos sobre la evolución o circunstancias de esas personas, aunque nos consta que un número indeterminado optó por el suicidio, en solitario y de forma no siempre apacible.
Casi cinco años después de la entrada en vigor de la LORE, hay personas que se ven obligadas a morir de forma similar a como lo hizo en 1998 el gallego Ramón Sampedro, símbolo de la lucha por una muerte digna en nuestro país.
La cifra de 469 denegaciones procede de los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, y abarca desde junio de 2021 (entrada en vigor de la LORE) hasta diciembre de 2024; en ese período hubo 2.432 solicitudes, de las cuales 1.123 llegaron a la realización de la eutanasia. Año tras año son rechazadas algo más del 15 % de las peticiones por no cumplir los requisitos médicos, por dudas sobre la capacidad de decisión o por defectos formales. Muchas de esas personas (más de un 41 %) reclamaron a las Comisiones de Garantía y Evaluación autonómicas; otras, las mínimas, llegaron a los tribunales.
No hay seguimiento ni tampoco datos de las personas que, tras la negativa, se suicidaron, normalmente después de una larga batalla burocrática, sanitaria y personal. Las cifras oficiales del INE (Instituto Nacional de Estadística) dan cuenta de once suicidios diarios en 2024, el 40 % de ellos mayores de 85 años. Entre esas cifras están, sin duda, muchas historias de lucha por una muerte digna que no encajaron en la actual LORE o que fueron boicoteadas por profesionales o burócratas que dicen defender la vida.
Los pocos datos que tenemos de lo que ocurre tras esa negativa oficial provienen de la información facilitada por los voluntarios de atención personalizada de DMD, que ayudan en todo lo legalmente posible a las personas a las que el sistema y sus circunstancias personales ponen en una situación muy difícil. En algunos casos, la lucha de las personas por una muerte digna llega a los medios de comunicación, en general receptivos con las informaciones o testimonios sobre el proceso eutanásico, pero reacios a hablar del suicidio y sus porqués.
Entre esos casos de fallecimiento por suicidios realizados en obligatoria soledad, lejos de familiares y amigos a los que no se quiere comprometer, están los de Itziar y María, (nombres ficticios, para no revelar identidades), personas jóvenes, pero con un sufrimiento que consideraban intolerable.
Eutanasia denegada por nueve votos contra ocho
«Voy a peor y no encuentro a qué agarrarme, ni un motivo para soportarlo. El neurólogo me dijo que la medicación llegó a una vía muerta. Llegó el momento de tomar una decisión, porque esto es algo con lo que no se puede vivir».
Son palabras extraídas de las últimas publicaciones en sus redes sociales de Itziar, una mujer de 42 años, profesional de la comunicación en el País Vasco, que llevaba ocho años aquejada de lo que neurólogos, psiquiatras y psicólogos diagnosticaron como TNF (trastorno neurológico funcional) que le provocaba un sufrimiento psíquico y físico constante y progresivo.
Itziar intentó suicidarse hace años, tras lo cual solicitó en dos ocasiones la eutanasia, siendo rechazadas sus peticiones por los respectivos médicos responsables. En la segunda ocasión, en agosto de 2025, la Comisión de Garantía y Evaluación de Euskadi rechazó su reclamación, señalando entre las consideraciones finales de su respuesta que las limitaciones de la autonomía personal de Itziar, «aunque se presentan de forma frecuente, no está constatado que se mantengan de manera continua ni permanente». La Comisión dice también que «los requisitos del contexto del padecimiento grave, crónico e imposibilitante exigidos por la LORE son acumulativos, es decir, tienen que concurrir todos ellos, lo que tampoco concurre en este caso».
El largo escrito denegatorio finaliza afirmando que «no se da en la solicitante el contexto de enfermedad grave e incurable, porque no hay un pronóstico de vida limitado en su caso». La Comisión decidió con 9 votos en contra, 8 a favor y una abstención.
En diciembre de 2025, Itziar presentó una demanda contra el fallo de la Comisión ante un juzgado de lo Contencioso-Administrativo, pero no esperó la decisión judicial, ya que en febrero de 2026 apareció muerta en su casa de Donosti, a consecuencia de la ingestión de productos sin determinar. La fallecida, que al parecer había conseguido los productos necesarios a través de internet, dejó un mensaje programado para avisar a un amigo de lo que había pasado.
Conocimos el caso de Itziar por el testimonio de Iñaki Alegría, el voluntario de Derecho a Morir Dignamente (DMD-DHE) Euskadi que la atendió, y que se preguntaba en el diario vasco Berria, «por qué no pudo morir esta mujer con dignidad, de qué sirve la ley de eutanasia en casos como este». Iñaki asegura que no puede quitarse de la cabeza la imagen de Itziar, «se encontró al límite de lo que permite la ley, sin ayuda de nadie en el momento de su muerte, ¿acaso no son suficientes 8 o 10 años de sufrimiento y el fracaso de todos los tratamientos para recibir ayuda? Nadie la pudo ayudar, yo tampoco, porque la ley me lo prohíbe, pero creo que es hora de dar un paso más en materia legal para que algo así no vuelva a ocurrir».
Los pocos datos que tenemos de lo que ocurre tras la negativa oficial provienen de la información facilitada por los voluntarios de atención personalizada de DMD
Médicos que impiden de hecho la realización de una eutanasia
El caso de María, nombre ficticio, ocurrió en Salamanca en 2024, y de él informaron las compañeras de atención personalizada de DMD Castilla y León. María era una mujer de 50 años, casada y con hijos, que sufría una ELA muy avanzada. El matrimonio, de perfil conservador, estaba de acuerdo en solicitar la eutanasia. La médica responsable, que conocía el caso de María y lo incurable y dolorosa que era su situación, apoyó la petición. El inconveniente vino cuando el asunto llegó a la Comisión de Garantía y Evaluación de Castilla y León, y su presidente suspendió el proceso y lo ralentizó hasta que fue demasiado tarde.
María consiguió también a través de internet los productos necesarios, y un día de finales de abril de 2024, aprovechando que su marido y sus hijos habían salido, se administró el producto que ocasionó su muerte. María dejó un video y un escrito explicativo del porqué de su acción personal, por si hubiese investigación policial o judicial.
Poco después de su fallecimiento, su marido participó en un reportaje sobre las dificultades de la eutanasia, publicado por el diario El País, en el cual denunciaba que «es aberrante que pongan al frente de la comisión que tiene que decidir sobre si se administra la eutanasia o no a un señor que expresó públicamente, en vídeos y en artículos de prensa, que está en contra». «Cuando mi mujer ya no pudo más y se suicidó, añadía el marido, me juré a mí mismo que iba a demandar a esta gente que obra así para que al menos sientan algún tipo de presión y no sigan actuando con una impunidad asombrosa, pero aún no lo puedo hacer porque no quiero que mis hijos sepan en qué circunstancias murió su madre».
El presidente de la Comisión de Garantía y Evaluación de Castilla y León en aquellas fechas era el Dr. Francisco Vara Hernando, en funciones en aquel momento en ese cargo. A estas alturas de 2026, el Dr. Vara Hernando sigue siendo el presidente de la citada Comisión, cargo que compatibiliza con la jefatura del Servicio de Cuidados Paliativos del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca.
No es el único caso en España de un profesional sanitario, situado en puestos clave para garantizar el correcto proceso de una muerte digna, que hace pública su postura claramente contraria a la eutanasia y al que la administración autonómica respectiva mantiene en su puesto.
Los casos de Itziar y de María no son, por desgracia, únicos en el sistema sanitario español. La denegación de una eutanasia, o el boicoteo de hecho del proceso, colocan a las personas afectadas y a su entorno en una situación límite.
Tras la denegación de una eutanasia persiste la voluntad de morir
A pesar de la trayectoria de la ley de eutanasia, no hay en España trabajos significativos sobre lo que ocurre tras una denegación. Tanto la muerte digna como el suicidio siguen siendo algo de lo que se habla poco en la sociedad, y aún menos en el ámbito científico.
Tampoco en los países de nuestro entorno con leyes de muerte digna más veteranas sobran las investigaciones sobre el tema. Un estudio de la Universidad canadiense de Toronto («Intento de suicidio después de ladeterminación de la inflexibilidad para muerte asistida: una serie de casos») y otro de la Universidad Libre de Amsterdam, en los Países Bajos, («¿Qué sucede La denegación aumenta el silencio del afectado, que en ocasiones deja de hablar sobre su deseo de morir con sus médicos, dificultando el seguimiento o el conocimiento del desenlace después del rechazo de una so licitud de eutanasia?, entrevistas cualitativas con pacientes, familiares y médicos») coinciden al señalar que el deseo de morir persiste en el paciente cuya solicitud fue rechazada. También señalan los estudios citados que la denegación aumenta el silencio del afectado, que en ocasiones deja de hablar sobre su deseo de morir con sus médicos, dificultando así cualquier intento de seguimiento o de conocimiento del desenlace. En esa situación, según los investigadores canadienses y holandeses, aumentael riesgo del recurso a métodos no asistidos o incluso violentos para terminar con sus vidas.
La denegación aumenta el silencio del afectado, que en ocasiones deja de hablar sobre su deseo de morir con sus médicos, dificultando el seguimiento o el conocimiento del desenlace
Los estudios señalan también el impacto de la denegación de la eutanasia en la familia y los amigos del peticionario, creando un conflicto emocional fuerte, con un alto nivel de estrés al presenciar el sufrimiento insoportable del ser querido sin poder aliviarlo; familias y amigos también se distancian de los médicos y entran en un duelo desesperanzado, con frecuentes tensiones internas.
En la España de 2026, con los dos principales partidos de la oposición totalmente contrarios a derechos como la eutanasia, la defensa de la actual LORE es básica, pero eso no debe impedir la lucha por mejorarla, entre otras cosas para evitar muertes como las relatadas, en la clandestinidad y la soledad. Tal y como decía el compañero Joan del Alcázar en el número 88 de la revista de DMD, «no es necesario estar muriendo para tener derecho a morir en paz».
Texto: Antón G. Ferreiro / Fotos: Elisa Casas y Rocandreu.Comparte este artículo

