Eutanasia: un tsunami emocional

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Cuando una persona dice «quiero la eutanasia» lo suele hacer muy tranquila, porque lleva tiempo pensándolo. Pero la respuesta suele ser de un gran impacto emocional, un tsunami, en el entorno familiar y profesional. En este último, principalmente, si es la primera solicitud que recibe.

Texto: Soco Lizarraga / Imagenes: wirestock y nikitabuida (Freepick).

La persona solicitante nota el avance de la enfermedad y la proximidad de la muerte. Predomina el malestar de seguir viviendo: «sufrir tanto para morir», «no me compensa esta vidaque tengo».

Puede sentir también malestar emocional y dolor por la familia o el entorno más cercano: no aceptación, dependencia, desvalimiento, sensación de abandono… e incluso la pérdida de la pensión. Todo esto puede influir en retrasar la decisión de comunicar la solicitud y una vez concedida, también en retrasar la decisión del día a elegir. Esto ocurre principalmente cuando sienten que alguien de la familia todavía no está preparado para que se vaya, cuando va a suceder algún acontecimiento familiar y no quieren que su muerte quede ligada a ello, o cuando ha tenido lugar una desgracia y no quieren aumentar el dolor familiar.

Emociones en el personal sanitario

En primer lugar, hay que entender que es un procedimiento nuevo: proceder a realizar una muerte rápida e indolora a una persona (persona que tiene que cumplir los requisitos que marca la ley).

Hasta la legalización de la eutanasia, el acercamiento a la muerte consistía en poner sedación en la agonía, (medicación para disminuir el nivel de consciencia de una persona próxima a morir), mayoritariamente aceptada como una buena práctica para evitar el sufrimiento de final de vida, y en la sedación paliativa ante síntomas refractarios, no controlados (dolor, disnea-sofoco, angustia existencial…) en una persona en la que no es esperable una muerte inminente.

Ante una primera solicitud de eutanasia suele ser habitual en profesionales de la salud sentir un gran impacto emocional manifestado como shock, miedo, inseguridad, rechazo, sensación de fracaso profesional… que suelen derivar principalmente en:

  1. Distrés emocional propio y miedo por la soledad asistencial y repercusión laboral (alguna persona ha tenido que escuchar «vas a ser la ejecutora», «vas a ser la asesina») y social.
  2. Inseguridad ante el desconocimiento del procedimiento: ¿cómo se tramita?, ¿cómo es la técnica final?, ¿funcionará bien? A estas dudas y miedos deben dar respuesta las unidades de apoyo a la eutanasia de cada comunidad autónoma.
  3. Inseguridad jurídica. La existencia de una Comisión de Garantías y Evaluación de la Eutanasia en cada autonomía, que debe dar el informe favorable definitivo, sirve para aportar tranquilidad al personal sanitario.

La respuesta profesional ante una solicitud puede ser la objeción de conciencia, que es legítima si es por motivos éticos o religiosos. Al profesional sanitario se le crea un conflicto insalvable con su sistema de valores.

Pero existen profesionales que se declaran objetores o retrasan el procedimiento por otras causas no legítimas:

  1. Pseudo objeción/objeción de conveniencia: por falta de tiempo, sobrecarga asistencial, desconocimiento del procedimiento, enfado/enfrentamiento con la Administración.
  2. Cripto-objeción/objeción encubierta: persona que no se declara objetora, pero dificulta y retrasa el procedimiento alegando problemas técnicos u otras excusas. Es una resistencia pasiva, no explícita, por parte de esa persona.

Emociones en la familia y seres queridos

En la familia puede ocurrir que sea un tema hablado anteriormente y no suponga mucho impacto, pero cuando no ha existido esa conversación y reflexión previas, la primera impresión suele ser de miedo, dolor, incredulidad, desconcierto, bloqueo, enfado.

Esas emociones pueden ir derivando en sensación de abandono y desamor, traición y duelo anticipado (más si es la pareja), culpabilidad por lo no hecho (¿será que tendría que haber venido más a visitarle?), soledad, miedo al cuestionamiento social (¿qué van a pensar el resto de familiares, la vecindad, el pueblo?), vacío existencial, sobre todo si falta la otra persona progenitora porque se puede sentir la sensación de quedar en primera línea de muerte y que desaparece una parte de la biografía propia o rechazo a la decisión de la persona solicitante, entre otras.

Cómo reaccionar mejor ante el deseo de eutanasia de una persona querida

La mayoría de las personas deseamos morir y vivir sin sufrimiento. Si una persona se plantea adelantar la muerte es que sufre o teme sufrir y quiere evitarlo.

  1. Conviene analizar qué emociones nos genera su decisión para poder reflexionar y analizar, lo que nos permitirá diferenciar las emociones propias y colocar a la persona querida en el centro de nuestra atención.
  2. Conocer y aparcar las emociones propias negativas nos permitirá centrarnos en la persona enferma y poder entenderla, cuidarla, apoyarla, acompañarla y «dejarle ir».

Emociones posteriores a la eutanasia

  1. En profesionales de la salud: mayoritaria mente se describe como una experiencia intensa pero muy satisfactoria, de enriquecimiento personal y profesional, sensación de paz, serenidad y armonía, sensación de «lo bien hecho», sentimiento de privilegio y honor de haber estado ahí.
  2. En la familia: en las personas que cuidan y acompañan de verdad a la persona sufridora, que pide adelantar su muerte, la sensación posterior, sumada al dolor de la pérdida, es de bienestar por haberle ayudado a dejar de sufrir, paz por haber sido capaces de respetar las emociones de la persona querida por encima de las propias. El duelo es más llevadero porque ha habido tiempo para hablar, expresar emociones y cariño, realizar algún deseo pendiente, perdonarse, cuidar y acompañar.

Termino con las palabras de Fredi, persona a la que tuve el privilegio de acompañar en su proceso y en su final por eutanasia: «al personal sanitario que tiene objeciones o reparos con la eutanasia, le diría que piense en gente como yo a la que pueden acortarle este sufrimiento final». Seguidamente extendió el brazo y con una sonrisa dijo: «terminemos ya».

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