La Ley Orgánica Reguladora de la Eutanasia ha sido un respiro para el humano moderno que ansiaba ser libre incluso en la fase de su morir, poder decir en todo momento ‘la vida es mía’, ‘el cuerpo lo gestiono yo’.
Por Fernando Pedrós.
La Ley Orgánica Reguladora de la Eutanasia ha sido un respiro para el humano moderno que ansiaba ser libre incluso en la fase de su morir, poder decir en todo momento ‘la vida es mía’, ‘el cuerpo lo gestiono yo’. La LORE nos permite morir en libertad al menos en ciertas circunstancias. Y este inicio de libertad en el morir lo han completado las sentencias del Tribunal Constitucional (TC) que avalan la constitucionalidad de la LORE e incluso refrendan la autodeterminación del individuo para el libre desarrollo de su personalidad. Las sentencias al afirmar que la libre autodeterminación del sujeto que demanda la eutanasia es el fundamento del derecho a decidir y a recibir consecuentemente la prestación de ayuda es sin duda la manifestación y reconocimiento de la mayoría de edad del sujeto eutanásico.
El interés del humano en su acción moral es emanciparse, liberarse de toda dependencia tanto de otros individuos, de cualquier poder e incluso de la obligación de vivir cuando la propia existencia ya no tiene sentido. La ayuda a morir ligada a su decisión depende solo de su voluntad emancipada de vínculos de carácter religioso o civil y por ello manifiesta ‘la muerte es mía’. Tras estas reflexiones casi hay que concluir que hay que agradecer a los partidos de derecha política por haber recurrido al TC pues sin tales recursos no hubiéramos tenido el enriquecedor contenido de las sentencias. Pero, toda realidad tiene su revés, sus sombras y en la lectura de las sentencias y los votos particulares de algunos magistrados me he ido encontrado afirmaciones poco gratas.
Posible regreso al art. 143
A comienzos del mes de julio pasado el Partido Popular celebró su congreso nacional y en la ponencia política se trataron de pasada temas importantes como el aborto, la eutanasia, la prostitución, etc. Personalmente me hubiera gustado conocer la postura nacional de los populares acerca de la eutanasia y si todavía estaba integrada en el eslogan de lucha del PP de erradicar en un futuro el ‘sanchismo’. Pero sin duda para los populares lo políticamente correcto en ese momento era mantenerse en silencio al encontrarse el PP entre la postura de las sentencias del TC y la actitud antieutanásica radical de Vox.
Si el PP no se remojó y no dio su opinión de partido acerca de lo eutanásico en el espacio público de su congreso, creo que he podido hallar su criterio y plan político sobre la LORE en opiniones que no saltan a la prensa y quedan entre bambalinas. Junto a las sentencias del TC ha habido votos particulares de los magistrados Enrique Arnaldo y Concepción Espejel que fueron propuestos por el PP. Las sentencias son claras, avalan la constitucionalidad de la LORE, pero esto no quita para que los votos particulares de Arnaldo y Espejel nos dejen un poso de inseguridad e incertidumbre. Las sentencias a los recursos hablan de irreversibilidad si hay un cambio de tesitura política tras unas elecciones generales. No cabe una abolición de la ley reguladora de la eutanasia con vuelta al art. 143 de acuerdo con la cosmovisión católica de la vida y la muerte. Las STCs dicen que la situación es irreversible, pero Arnaldo y Espejel en sus votos particulares nos envían un aviso.
La derecha política manifestó en sus recursos su postura de querer volver al art. 143 del Código Penal. Los magistrados conservadores propuestos por el PP en sus votos particulares han venido a mantener la misma postura para un futuro. Arnaldo y también Espejel discrepan de la irreversibilidad de las sentencias pues, según ellos, para defender la validez de la LORE no es necesario crear un nuevo derecho fundamental puesto que de esta manera se limitan las opciones políticas futuras respecto a la eutanasia con un parlamento con distinta conformación de signo político. Para estos magistrados es preciso mantener siempre el pluralismo político y, por tanto, no limitar las opciones políticas ya que la LORE no es el único modelo constitucionalmente posible. Arnaldo afirma: “hay una reinterpretación constructivista de la Constitución de la que se cuelga un derecho fundamental inexistente”. Para ambos hacer del derecho a morir un derecho fundamental es convertir el tal derecho como insuprimible, en principio, por el legislador futuro.
No se podía esperar que alguien con la Constitución y las sentencias del TC en la mano hablase de que la eutanasia puede ser asumida o prohibida dependiendo de las mayorías políticas existentes en el parlamento en un momento dado. Es decir, que si en las elecciones generales venideras la derecha política domina en el Congreso la LORE y la potencia argumental de los valores constitucionales presentes en las sentencias del TC pueden ser archivadas y volver a renacer la fuerza represiva del art. 143 CP.
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