Parece mentira, pero me lo encontré cara a cara en mi cocina. ¡Emmanuel Kant! (“Immanuel, me llamo así desde que aprendí hebreo”, puntualizó Kant).
Me extrañó mucho ver en Zaragoza a un hombre del siglo XVIII y que en toda su vida se había alejado más allá de 150 kms. de su ciudad natalicia, Könisberg.
“Vengo a hablar contigo sobre la vida y la muerte”, me aclaró, y en la cocina de mi casa, tomando schnapps de cereza, estuve toda una tarde con Emmanuel-Immanuel Kant.
Lee el artículo completo de Antonio Aramayona publicado en la revista de DMD nº 70.
Kant habla en mi cocina sobre la vida y la muerte. Antonio Aramallona. Revista70 copia
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