Nuevos puntos informativos sobre eutanasia y muerte digna en los distritos de Tetuán y Moncloa

Prensa DMDMadrid

La asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) amplía sus puntos informativos sobre eutanasia y muerte digna en los distritos madrileños de Tetuán y Moncloa-Aravaca a partir del mes de marzo. En concreto, todos los primeros martes de cada mes ofrecerá asesoramiento ciudadano gratuito de 12.00 a 13.30 horas en la asociación vecinal Poetas-Dehesa de la Villa (c/ Valderrodrigo, 59, bajo posterior), mientras que los segundos jueves de cada mes lo hará de 17.00 a 19.00 horas en la asociación cultural Espacio Bellas Vistas (c/ Almansa, 22).

En estos puntos informativos, activistas de la asociación DMD explican cómo registrar el documento de instrucciones previas, el también conocido como testamento vital, y cuáles son los requisitos para solicitar la prestación de ayuda para morir que recoge la Ley de Eutanasia. Además, pueden resolver dudas sobre derechos sanitarios al final de la vida.

Derecho a Morir Dignamente también ofrece este tipo de asesoramiento gratuito con cita previa en su sede de la Puerta del Sol de Madrid, en horario de lunes a jueves de 10.00 a 17.00 horas, y los viernes de 10.00 a 14.00 horas. Se puede solicitar cita llamando al teléfono 91 369 17 46.

Talleres informativos en los centros de mayores de Rivas

Prensa DMDMadrid

El pasado 22 de enero, el grupo DMD Rivas ha iniciado por segundo año consecutivo una serie de talleres informativos acerca del Testamento Vital y la Ley de Eutanasia, dirigidos a los socios y socias de los tres centros de mayores de Rivas.

Como el año anterior, las reuniones se hacen con un grupo reducido de 10-15 personas a las que, en una hora y media, se les explica punto por punto como rellenar el documento de la Comunidad de Madrid del Testamento Vital, informándoles de las indicaciones y recomendaciones de DMD. También se les explica, detalladamente, como es la Ley de Eutanasia y cuál es el proceso de petición de la ayuda a morir.

El formato de grupo reducido se está demostrando como muy efectivo pues, en torno a una mesa, es más fácil para él o la participante expresar sus dudas, miedos y experiencias que le supone el pensar y gestionar la propia muerte. Al ser pocas personas, hay un tiempo adecuado para el espacio de preguntas y respuestas que logra que el participante salga muy satisfecho del taller

Estos talleres se vuelven a dar después del éxito alcanzado el curso pasado en el que, inicialmente, estaban programados solo tres y ante la demanda tan importante que hubo de los mismos se ampliaron a seis, participando un total de 68 personas.

El contenido de estos talleres no quedó solamente en el número de participantes, si no que creció exponencialmente en cuanto que cada uno de ellos ha ido transmitiendo la información a todo su entorno de amigos y familiares.

Después del taller realizado en enero, está previsto dar otros dos en los meses de febrero y marzo a los que podrán asistir tanto los socios y socias, como los familiares, amigos y acompañantes.

El grupo DMD Rivas constata el interés que está teniendo, por parte de la sociedad ripense, el afrontar la muerte. Desde hace cinco años, todos los lunes, en la asesoría personalizada que DMD Rivas atendemos en el despacho 12 de la Casa de la Asociaciones (Avenida del Deporte, s/n).

Revista de prensa internacional de febrero de 2025

Prensa DMDInternacional

Alemania
La ciudadanía desconoce sus derechos

Una investigación promovida por la DGHS (Sociedad Alemana por una Muerte Humana) muestra que la gran mayoría de la ciudadanía cree que la asistencia al suicidio es todavía un delito penal, ignorando la histórica sentencia del Tribunal Constitucional de 2020 que reconoce el derecho a la autodeterminación al final de la vida y despenaliza la ayuda al suicidio. El presidente de la asociación atribuye este desconocimiento al hecho de que «se dice una y otra vez, sobre todo por parte de los políticos, pero también por parte de las asociaciones médicas, que nos encontramos en una zona gris que no está regulada por la ley«. Afirma que la situación es muy clara: si la decisión de buscar el suicidio asistido fue tomada libre y responsablemente por una persona capaz, la ayuda no es punible. La investigación muestra también que una mayoría importante estaría a favor de una despenalización de la eutanasia. Una entrevista, publicada en un medio digital eslovaco, a un miembro de Sterbehilfe Deutschland, una de las asociaciones alemanas que prestan ayuda al suicidio, explica cómo trabajan estas entidades.

Bélgica
Publicación del informe sobre la eutanasia

La Comisión Federal de Control y Evaluación de la Eutanasia acaba de publicar el informe bienal con los datos de los años 2022 y 2023. Constata que el número de eutanasias realizadas aumenta en un 12% cada año. El 70,3% de los pacientes tienen más de 70 años y solo se registró la eutanasia de un menor de edad. En la gran mayoría de los casos (80,8%), el médico consideró que la muerte del paciente era previsible en el corto plazo. Menos del 1% de las eutanasias afectaron a pacientes inconscientes que habían hecho una declaración previa. Las solicitudes de eutanasia basadas en trastornos mentales (en este grupo se incluyen trastornos psiquiátricos como los trastornos de la personalidad y trastornos cognitivos como la enfermedad de Alzheimer) siguen siendo marginales (2,5% del total de eutanasias). En este informe, la Comisión alerta de las condiciones extremadamente difíciles en las cuales realiza su trabajo, condiciones que no han cambiado desde la aprobación de la ley hace 23 años: en particular la escasa financiación, falta de apoyo administrativo y falta de herramientas informáticas.

Francia
El debate sobre el final de la vida: una historia de nunca acabar

Ya no se debatirá el proyecto de ley sobre el final de la vida en el parlamento en febrero como había prometido el anterior primer ministro. Su sucesor, François Bayrou, ha expresado su deseo de dividir el proyecto de ley sobre el final de la vida en dos textos, uno sobre los cuidados paliativos y otro sobre la muerte asistida, aduciendo que ésta «es una cuestión de conciencia» mientras que los cuidados paliativos son «un deber de la sociedad hacia quienes pasan por esta prueba». Si la SFAP (Sociedad Francesa de Cuidados Paliativos) se felicita de esta decisión, las asociaciones de muerte digna y muchos políticos tanto de la mayoría presidencial como de la oposición se indignan frente a un cambio que parece destinado en realidad a aparcar el tema de la ayuda a morir. Unas 200 personalidades políticas han firmado una carta abierta llamando a no «disociar los cuidados paliativos de la asistencia activa a la muerte». Bayrou es católico practicante y siempre se ha opuesto a la ayuda médica a morir. En una reciente entrevista radiofónica ha llegado a afirmar que en Bélgica se había practicado la eutanasia de «adolescentes incómodos consigo mismos», provocando una respuesta airada del ex primer ministro belga Elio di Rupo. En respuesta a este despropósito de Bayrou, un medio digital de Bretaña publica una larga y muy interesante entrevista a Jacqueline Herremans, presidenta de la ADMD-B y miembro de la Comisión de Control y Evaluación de la Eutanasia en Bélgica.

Países Bajos
La eutanasia rara vez se aplica a jóvenes con sufrimiento psicológico

El Centro de Expertos de la Eutanasia y el 113, teléfono de prevención del suicidio, han publicado un estudio sobre las solicitudes de eutanasia de jóvenes basadas en trastornos psicológicos. Entre 2012 y 2021, un total de 353 jóvenes menores de 24 años se pusieron en contacto con el Centro de Expertos en Eutanasia debido a sufrimiento psicológico. Sólo 12 de ellos accedieron finalmente a la eutanasia. En el 44% de los casos, el centro rechazó la solicitud. En el 47% de los casos, la propia persona detuvo la solicitud, y 17 se suicidaron mientras se tramitaba su solicitud. Los 12 jóvenes que finalmente recibieron la eutanasia tenían diagnósticos múltiples. A menudo implicaba una combinación de depresión grave, trastorno del espectro autista, trastorno de la personalidad, trastorno alimentario o trauma. Casi todos ellos ya habían intentado suicidarse. No se sabe lo que pasó con los jóvenes que vieron su solicitud rechazada. Las dos organizaciones han puesto en marcha otra investigación para intentar responder a esta pregunta.

Condenado otro miembro de la Cooperativa de la Última Voluntad

El tribunal de La Haya ha condenado a un militante de la Cooperativa de la Última Voluntad de 80 años a una pena de 12 meses de prisión suspendida y a la pena máxima de 240 horas de servicio comunitario. Basándose en un intercambio de whatsapps entre una mujer de 32 años y este miembro del colectivo, la fiscalía ha armado una acusación de incitación al suicidio. La mujer tenía antecedentes psiquiátricos y se acusa al militante de haber favorecido su tendencia suicida, impidiendo el acceso a cualquier alternativa. Es la primera vez que se condena por el motivo de incitación al suicidio en Países Bajos. Las anteriores condenas a miembros de la Cooperativa fueron por suministro de nitrito.

Reino Unido
Avanza la tramitación del proyecto de ley de muerte asistida en Westminster

La Cámara de los Comunes admitió a trámite en noviembre el proyecto de ley sobre suicidio asistido con 330 votos a favor y 275 en contra. A partir de este momento, un comité compuesto de 23 miembros estudió el texto, escuchó a expertos tanto ingleses como extranjeros y debatió posibles enmiendas. El proyecto de ley británico tiene la peculiaridad de exigir la autorización final de un juez del Tribunal Supremo una vez que dos médicos hayan validado la solicitud del paciente, mayor de edad, con enfermedad incurable y un pronóstico de seis meses. Un exjuez del Supremo argumentó en contra de esta salvaguardia que no existe en ninguna parte en el mundo y que califica de «sobreingeniería de disposiciones procesales». Entre las enmiendas propuestas, a la cual se opone firmemente la Asociación Médica Británica, figuraba la prohibición para los médicos de hablar a sus pacientes de la posibilidad de acceder a la muerte asistida, prohibición que existe y plantea muchos problemas en el estado australiano de Victoria. Se prevé la votación final en sesión plenaria de la Cámara de los Comunes en mayo. En caso de conseguir una votación favorable, el texto se mandará a la Cámara de los Lores.

Suiza
¿Hacia una regulación del suicidio asistido?

La primera utilización de la cápsula Sarco ha relanzado el debate sobre la regulación del suicidio asistido en Suiza. La fiscalía reconoció que no existía sospecha de homicidio, pero sí una «fuerte sospecha de incitación y complicidad en el suicidio». Todavía no está claro si se presentarán cargos, pero muchos defienden que no existe una base jurídica suficiente. Las asociaciones que ofrecen la ayuda al suicidio rechazan una regulación estricta que «restringiría el suicidio asistido en comparación con la actualidad. (…) Los detalles se regularían innecesariamente”.

Chile
Intento de desbloqueo del proyecto de ley de muerte asistida

El proyecto de ley de eutanasia está bloqueado desde octubre 2022 en la Comisión de Salud del Senado, a pesar de que el gobierno se haya comprometido a una tramitación urgente… ¡34 veces! A finales de enero, el Ministro de la Secretaría General de la Presidencia ha declarado que esta vez sí, en la sesión legislativa de 2025 este proyecto de ley sería una prioridad. Se acaba de publicar un estudio de opinión que muestra ‘un amplio apoyo ciudadano en torno a temas de derechos individuales y decisiones personales’: un 83% de la ciudadanía se declara de acuerdo o muy de acuerdo con la eutanasia.

Uruguay
Volverán a presentar el proyecto de ley

El 1 de marzo el Frente Amplio regresará al gobierno de Uruguay, después de cinco años de gobierno de la derecha. La coalición de izquierda necesitará negociar con otras fuerzas, ya que solo tiene mayoría absoluta en la cámara alta, para hacer avanzar sus propuestas legislativas, entre las cuales figura la Ley de Eutanasia, bloqueada durante la anterior legislatura.

Canadá
Quebec permite solicitar la eutanasia por testamento vital

Desde el 30 de octubre, las personas diagnosticadas de una enfermedad grave e incurable que produzca incapacidad, como el Alzheimer, pueden presentar una solicitud anticipada de asistencia médica para morir. Esta ampliación de las posibilidades de acceso a la asistencia médica para morir es única en Canadá. Acompañado por un médico, el paciente debe enumerar en un formulario las manifestaciones clínicas ligadas a su enfermedad que deberán ser consideradas una vez que no pueda consentir. A mediados de enero, se habían presentado 119 solicitudes, una cifra modesta comparada con la explosión que algunos vaticinaban. Algunos médicos señalan las limitaciones de esta ampliación de derecho, ya que “incluso si se acepta una solicitud anticipada, al final serán los profesionales de la salud los que tendrán que validar si la persona experimenta efectivamente un sufrimiento físico y psicológico constante e intolerable que no se puede aliviar” según los términos de la ley de eutanasia.

La autonomía al final de la vida, en peligro en Alberta

En noviembre de 2024, el Gobierno de Alberta anunció que estaba considerando cambiar el programa de asistencia médica para morir. Un aspecto central de las posibles reformas sería permitir que las familias impugnen las decisiones sobre el final de la vida y accedan a registros médicos privados. Este anuncio se aparta de las pautas actuales del Colegio de Médicos y Cirujanos de Alberta, que prioriza la autonomía del paciente. Los críticos advierten que estos cambios podrían conducir a violaciones de la privacidad y a poner en peligro derechos reconocidos legalmente.

Nueva Zelanda
Objeción de conciencia institucional en residencias y hospicios

La Ley de Elección al Final de la Vida entró en vigor en 2021. El texto de la ley no es muy claro en la relativo a la objeción de conciencia institucional. En cuanto se aprobó la ley, en 2020, Hospice New Zealand, la organización nacional que representa los hospicios, la impugnó ante el Tribunal Supremo que dictaminó que los hospicios podían oponerse a realizar eutanasias en sus instalaciones, como sucede mayoritariamente en la actualidad. Esta situación obliga a derivar a los pacientes, provocando situaciones complicadas y dolorosas. El Ministerio de Sanidad, en el informe de revisión estatutario publicado a los tres años de vigencia de la ley, recomienda cambiar esta situación, aunque esta recomendación tendrá que plasmarse en una ley para que sea efectiva.

Japón
Estudio sobre la percepción de la ayuda medica a morir

Los japoneses evitan las conversaciones sobre la muerte, a menudo prefieren omakase (dejar que otros decidan) y eligen no participar en las decisiones sobre su propia muerte. Una investigación muestra que los médicos japoneses y la ciudadanía expresan una postura más negativa hacia la eutanasia y el suicidio asistido que sus homólogos de los países occidentales. Esta disparidad puede atribuirse a la influencia de la visión budista de la vida y la muerte y la centralidad familiar en la cultura japonesa, que condiciona las actitudes de las personas hacia la muerte asistida. Sin embargo, el estudio hace aparecer una diferencia notable entre la opinión de los médicos, que muestran una oposición casi total a estas prestaciones, y un 34% de la ciudadanía que las apoyaría.

DMD Aragón organiza una nueva edición del cinefórum ‘Libres hasta el final’

Prensa DMDAragón

DMD Aragón celebra la octava edición de su cinefórum ‘Libres hasta el final’ con la proyección de cuatro películas, una cada jueves del mes de febrero, en el Centro de Historias (Plaza San Agustín, 2) de Zaragoza. Las sesiones serán a las 19.00 horas con entrad libre hasta completar aforo.

  • 6 de febrero: Pink Moon de Floor van der Meulen, presenta Salomé B. García, de la junta directiva de DMD Aragón.
  • 13 de febrero: Mientras seas tú de Claudia Pinto, presenta María José Moreno, actriz
  • 20 de febrero: Arrugas de Ignacio Ferras (adaptación del cómic de Paco Roca), presenta José Luis Cano, ilustrador
  • 27 febrero: Mayflies de Peter Mackie Burns, presenta Carlos Mas, profesor de Historia

Aquí puedes descargar el programa completo.

VIII_Cineforum_Programa_Aragon_2025

DMD vuelve a participar en la Muestra de Cine Social y de Derechos Humanos de Asturies

Prensa DMDAsturias

La asociación Derecho a Morir Dignamente participa un año más en MUSOC, la XIII Muestra de Cine Social y de Derechos Humanos de Asturies, que se celebra del 10 al 31 de enero de 2025. En concreto, DMD contribuye a la programación de la muestra con la proyección con entrada gratuita de dos películas sobre el final de la vida.

La primera sesión se celebró el pasado 18 de enero con la proyección de Polvo serán, la última película del director Carlos Marques-Marcet. en un abarrotado salón de actos del CMI Gijón Sur, con 350 personas completando el aforo. La entrega de los Premios Gaudí esa misma noche impidió que el cineasta pudiera participar en el festival, algo que si hizo en sus otras dos películas que se proyectaron en MUSOC: Tierra firme y La mort de Guillem. Pero no faltaron sus palabras en un vídeo de agradecimiento por la selección de su obra. Polvo serán acabó logrando cuatro galardones en los Gaudí, entre ellos el de Mejor Película en Lengua no Catalana.

La presentación previa corrió a cargo Noelia Ordieres por parte de Derecho a Morir Dignamente, y de Tito Rodríguez, programador del FICX. Polvo serán nos presenta la historia de Claudia, interpretada por Ángela Molina, una veterana actriz de teatro que es diagnosticada de una enfermedad terminal, por lo que toma la decisión de irse a Suiza para someterse a un suicidio asistido. Con ella pretende viajar también su marido Flavio, encarnado por Alfredo Castro, no solo para acompañarla, sino con la firme decisión de unirse a ella en su viaje final. Todo ello bajo la mirada de sus dos hijas y su hijo, quienes se refieren a su madre como un huracán que no deja espacios a los demás por su tremendo carácter.

Tras esta sesión, el jueves 30 de enero, a las 20.00 horas, DMD vuelve a participar en el festival con la proyección de la película El último suspiro, dirigida por Costa-Gavras, en el Nuevo teatro La Felguera (Calle Inmobiliaria Setsa, s/n) de Langreo.

Más de 200 personas exigen en Santiago, un año más, que el 12 de enero sea del Día de la Muerte Digna en Galicia

Prensa DMDGalicia, Noticias

Más de doscientos asociados y simpatizantes de DMD en Galicia asistieron este pasado domingo 12 de enero al ya tradicional acto con el que reivindicamos que esa fecha, la de la muerte de Ramón Sampedro en 1998, sea institucionalizada como Día de la Muerte Digna en nuestra comunidad.

La concentración, celebrada en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, fue una de las más concurridas desde que DMD Galicia celebra este tipo de actos en la capital gallega. Además del enorme valor simbólico de una figura como Ramón Sampedro, clave en la lucha por una muerte digna en España, este año también recordamos a Laura Fernández Abalde, compañera de lucha y directiva de la asociación, fallecida a finales de 2024 en el servicio de Paliativos del Hospital Meixoeiro de Vigo y que luchó hasta el final por su derecho a la eutanasia.

Nada fue igual en España después de la muerte de Ramón Sampedro, y nada será igual en Galicia después de la muerte de nuestra amiga Laura; así lo entendieron también los más de cincuenta vecinos y amigos de Laura, llegados desde Vigo en un autobús fletado para la ocasión por la Asociación de Vecinos de Beade, con la colaboración de DMD Federal y la de los propios viajeros.

La presidenta de DMD Galicia, Isabel Blanco, reivindicó nuevamente la declaración del doce de enero como Día de la Muerte Digna en Galicia, recordando que el asunto fue apoyado en 2023 en el Parlamento gallego por toda la oposición, aunque finalmente fue rechazado por el partido gobernante en nuestra comunidad.

Ramón Sampedro, el punto de inflexión en la lucha a favor de la eutanasia

Prensa DMDArtículos Revista, Noticias, Portada

La determinación de este gallego tetrapléjico por poner fin a su vida removió conciencias. Sampedro se convirtió en un referente no solo por su batalla judicial para reclamar el suicidio asistido, sino también por la genialidad que imantaba, como recuerda en este artículo su amiga Gené Gordó, la voluntaria de DMD que lo acompañó hasta el final.

Por GENÉ GORDÓ i AUBARELL

“Cuando lo beba habré renunciado voluntariamente a la propiedad más legítima y privada que poseo; es decir, mi cuerpo. También me habré liberado de una humillante esclavitud: la tetraplejia. A este acto de libertad, con ayuda, ustedes lo llaman cooperación en un suicidio o suicidio asistido. Sin embargo, yo lo considero ayuda necesaria —y humana— para ser dueño y soberano de lo único que el ser humano puede llamar realmente “mío”, es decir, el cuerpo y lo que con él es —o está—: la vida y su conciencia… […] Señores jueces, autoridades políticas y religiosas: no es que mi conciencia se halle atrapada en la deformidad de mi cuerpo atrofiado e insensible, sino en la deformidad, atrofia e insensibilidad de vuestras conciencias”.

Con esas palabras, el 12 de enero de 1998 Ramón Sampedro ponía punto y final a 27 años de lucha. Su muerte fue grabada en una cinta que en DMD Barcelona recibimos posteriormente con el objetivo de hacerla llegar al juez que llevaba su caso e intentar exculpar a aquellos que pudieran verse involucrados. Ramón dejaba claro que esas personas tan solo fueron instrumentos necesarios para alcanzar un acto de autodeterminación sobre la propia vida.

Muchos se preguntaron, ¿por qué morir? Ramón respondió en un poema de su libro Cartas desde el infierno. “Porque a veces el viaje sin retorno es el mejor camino que la razón nos puede enseñar, por amor y respeto a la vida…”. Algunos dijeron que buscó la muerte por falta de atención. Nada más lejos de la realidad. Era querido y admirado por los suyos, especialmente por su cuñada. Con el tiempo se convirtió en el asesor y confidente de quienes le rodearon. Ramón amó la vida como pocos. Y cuando ya no pudo vivirla según su concepto de dignidad, buscó la libertad en la muerte.

Ese 12 de enero también representó para mí un punto y final. Después de seis años de íntima amistad y proyecto compartido con Ramón llegaba la despedida. Creo que la noche anterior a su muerte fue la más larga de mi vida. En momentos como esos todas las dudas te asaltan y ponen a prueba tus convicciones más profundas. No es banal que posteriormente quedara registrado en la película Mar Adentro de Alejandro Amenábar. Yo, persona responsable en DMD de la causa de Sampedro, le insistía en ese último instante: “¿Estás seguro Ramón? Recuerda que nadie te obliga a nada, esto sólo puede ser un acto de plena libertad”. Él, serenamente dijo: “Gené, ¿tú también, amiga?”. Se hizo un silencio, comprendí y añadí: “Hasta siempre, compañero.”

Sampedro representó un punto de inflexión en la lucha a favor de la eutanasia, pero no sólo por la causa judicial ni por el testimonio de su muerte. Ramón fue un referente también por su genialidad, por una personalidad que imantaba. Cuando lo conocías, entendías la fuerza de su repercusión social.

PRIMEROS CONTACTOS CON DMD

Ramón Sampedro contactó con DMD en 1992, cuando Barcelona había tomado la dirección de la entidad. Con Salvador Pániker como presidente de DMD y Juana Teresa Betancor como representante en la World Federation of Right to Die Societies, Josep-Lluís Casamitjana, Aurora Bau y yo misma (entre algunos otros) formábamos parte de un reducido núcleo impulsor. La escasez de recursos y de voluntariado activo de la asociación contrastaba con la fuerza y la implicación de sus miembros.

Por aquel entonces la eutanasia era aún un término lejano a los oídos de la sociedad, y equivalía básicamente a “matar”. Entidades “provida” nos perseguían literalmente con aquello de que “la vida es sagrada y sólo Dios tiene derecho sobre ella”. Un discurso que respetamos, pero que resulta ridículo cuando intentas imponerlo, sobre todo a personas no creyentes.

Ese era el contexto cuando Ramón Sampedro contacto con nosotros. Nos pedía dos gramos de cianuro en una carta. Tenía 49 años. A los 18 se enroló en un navío mercante para ver mundo y a los 25 quedó tetrapléjico y postrado en una cama después de su accidente en la playa de As Furnas, al tirarse de cabeza al agua desde una roca. Con una sonrisa serena solía decir: “Soy una cabeza viva en un cuerpo muerto”.

La respuesta de DMD a su petición de cianuro fue clara: la finalidad última de la asociación era legislar el derecho a la eutanasia. Le ofrecíamos asesoramiento personal, médico o judicial, pero no accedimos a su demanda. Se inició así una fase de confrontación. Ramón criticaba nuestra actuación, que tachaba de hipócrita y cobarde. Si nosotros no podíamos ayudarle, ¿entonces quién? No hay que olvidar que entonces ya arrastraba el cansancio de años de infructuosas batallas. Escribía con la boca mediante un artilugio que el mismo había diseñado y con el que se abrió al mundo. En los años ochenta se había dirigido al Defensor del Pueblo, al ministro de Justicia Enrique Múgica, al expresidente Adolfo Suárez y hasta al mismo rey. Pedía poner fin a su vida sin que las personas que le ayudaran fueran juzgadas. No obtuvo ningún resultado.

“Ramón amó la vida como pocos. Y cuando ya no pudo vivirla según su concepto de dignidad, buscó la libertad en la muerte”

A pesar de que Ramón cerró las puertas a DMD, él y yo seguimos en contacto. Me fascinó como persona. Yo había entrado a formar parte de DMD en 1991, cuando tenía 26 años y estaba elaborando una tesis doctoral sobre el tabú de la muerte en la sociedad contemporánea. Me atrajo una asociación que, lejos de esa tendencia social a ocultar la muerte, la revindicaba como un derecho vital. Así que formé parte, junto con Aurora Bau y Antonia Plaxats, de un reducidísimo grupo de atención personalizada que acompañaba a los socios y les prestaba asesoramiento personal, médico y judicial.

Con Ramón establecí un vínculo. Ambos nos habíamos convertido en aventureros dentro de ese abismo al que te lleva el concepto de la muerte. Yo, a través de mi tesis y de mis cuadros, y él a través de su reivindicación. Eso nos llevó a intercambiar múltiples cartas, libros y llamadas creando poco a poco una sincera amistad. Con el tiempo y desde la confianza mutua surgió la idea conjunta de abrir un proceso judicial para pedir su derecho a obtener un suicidio asistido. Todos sabíamos que un fallo positivo era casi imposible, pero se convertiría en un proceso sin precedentes en la lucha por la eutanasia. El boom mediático podía poner a Ramón en contacto con personas dispuestas a ayudarle, y ahí vio una puerta abierta para conseguir aquello que tanto anhelaba.

En 1993 me convertí en el enlace oficial entre la entidad y Ramón. Iniciamos el proceso judicial de la mano de nuestro abogado Jorge Arroyo. Ramón Sampedro fue el primer ciudadano del Estado español en presentar, en 1994, una demanda judicial solicitando el suicidio asistido. En 1996, después de que la Audiencia Provincial de A Coruña desestimara su petición, presentó un recurso de amparo en el Tribunal Constitucional. El caso se encontraba pendiente de deliberación y fallo cuando Ramón murió en Boiro el 12 de enero de 1998 por envenenamiento de cianuro. Él había diseñado, desde la clandestinidad, su propia muerte. Un proceso calculado minuciosamente donde la acción se apoyó en diferentes manos, reduciendo así al máximo la posible responsabilidad penal de las personas implicadas. Pero Ramón no pudo lograr “una buena muerte”, ese concepto que va ligado a la palabra eutanasia. Murió lejos de su familia tras la larga y espantosa agonía que produce el envenenamiento con cianuro potásico.

CONVICCIONES QUE CONMOVIERON AL MUNDO

Ramón fue una de esas personas a las que yo llamo ciertas, de una integridad y coherencia como pocos. Tenía una inteligencia natural superlativa y se convirtió con los años —y kilos de alquimia interior— en un sabio. Su sensibilidad y su capacidad mental irradiaba con fuerza, contrastando con ese cuerpo inerte al cual estaba atado. Cuando lo conocías, no podías más que admirarlo y aprender. No en vano fueron varias las mujeres que cayeron enamoradas de esa persona en mayúsculas que fue Ramón. Esa fuerza llegó también a los medios de comunicación y a la opinión pública. El pensamiento de Ramón pivotaba entorno a algunos principios y conceptos nítidos e inalterables:

  • La muerte como amiga. El terror a la finitud ha llevado a la humanidad a buscar una promesa de perpetuidad. Nos aferramos a creencias y religiones con la esperanza de encontrar una continuidad. También la ciencia busca sin tregua esa eternidad. Mientras tanto tendemos a esconder la muerte. Ramón sabía que todo miedo proviene principalmente del desconocimiento. Hacer una aproximación al concepto “muerte” era, pues, necesario. Mirarle a los ojos y verla como parte de tu vida. Así entendió la muerte como una mano amiga que le podía brindar esa dignidad perdida. En una carta me comentaba: “Cuando escucho decir a los que se creen sabios maestros que no se caiga en una cultura de la muerte —refiriéndose a la eutanasia—, me entristezco, pues o son necios o son falsos… Si se cultiva el arte de vivir no se puede negar el arte de morir”.
  • El derecho a morir como un acto de libertad. Aun siendo una persona prisionera de su cuerpo, Ramón fue un espíritu libre. “La razón es mi Dios —decía— y mi creencia, el conocimiento”. Sampedro jamás entendió a los detractores de la eutanasia que veían el derecho a morir como una amenaza: “Un derecho es una puerta por la que podemos acceder a la libertad, pero nadie está obligado a traspasarla”. Sostenía que lo sagrado no es la vida en sí misma, sino el derecho del ser humano a vivir —o morir— de acuerdo con sus principios. Pero decidir libremente es decidir sin miedo. La eutanasia ha de ser una respuesta serena desde una profunda convicción. Y eso es lo que hizo Ramón.
  • Su relación con los medios de comunicación. Ramón vio en los medios un instrumento para sus objetivos. Le permitían llegar a más personas y encontrar a alguien que le ayudara a morir. También mostrar su realidad sin tapujos. “Lo que deseo es mostrar mi propia piltrafidad. La cabeza de un ser humano, consciente, sensible, que está condenada a sobrevivir pegada a su propio cadáver” (palabras de una carta que me mandó el 1 de noviembre de 1993). Muchos tacharon ese comportamiento de exhibicionismo lamentable. Otros vimos en ello la valentía de lanzar su tragedia contra nuestras conciencias y contra la de aquellos que se atrevían a dictaminar su destino. Paradójicamente, junto a esas imágenes aparece siempre un Sampedro sonriente: “Se puede desear la muerte y sonreír”, afirmaba en la misma carta. “La sonrisa sólo se pierde cuando uno está asustado. Yo aprendí a soportar el infierno, pero lo que jamás aprendí es a aceptarlo”. Su sonrisa marcaba la serenidad y lucidez desde la que actuaba.

Placa homenaje a Ramón Sampedro en la playa de As Furnas (Galicia), en el lugar donde se lanzó al agua causándose la lesión que lo dejó tetrapléjico.

ALTAVOCES TRAS SU MUERTE

Días después del suicidio de Sampedro, Ramona Maneiro fue llevada a declarar ante los juzgados de Ribeira. Entonces ocurrió algo insólito: llegaron algunas cartas de autoinculpación por la muerte de Sampedro, principalmente cercanas a su círculo gallego de amistades, pero también desde otros lugares. Teníamos que aprovechar esa iniciativa. Bajo la afirmación “Yo también ayudé a morir a Ramón Sampedro” diseñamos una campaña de autoinculpación a nivel estatal y europeo. ¿El objetivo? Poner a la opinión pública de nuestro lado y desbordar los canales jurídicos. Se recogieron más de 3.000 firmas, entre las cuales figuraron las de 72 de los 135 diputados del parlamento catalán, pero también tuvimos una gran acogida en diferentes universidades y centros educativos. Las firmas se presentaron en el juzgado de Ribeira que instruía el caso. Ramona Maneiro, principal acusada porque estuvo con Ramón la noche que murió, no fue juzgada. Tal vez por falta de pruebas, o tal vez por esas firmas autoinculpadoras que obstaculizaban el proceso judicial. El 12 de noviembre de 2004, cinco años después del sobreseimiento de la causa, prescribió el delito.

En aquel 2004 su historia fue llevada al cine por el director Alejandro Amenábar en la película Mar adentro, premiada con doce Goyas y un Oscar. Amenábar se puso en contacto conmigo y después de una cena con él en un bar de Barcelona, los emails y llamadas iban y venían. Tuve la ocasión de colaborar en la elaboración del guion de Mar adentro y la interiorización de los personajes. Mi objetivo personal estaba claro: ayudar —desde el voluntariado— a inmortalizar la lucha de Ramón y reabrir con más fuerza el debate acerca de la eutanasia. De paso, y en la línea de defender derechos, pedí que el catalán y el gallego estuvieran presentes en la película. De la mano de Amenábar nuestra causa llegó a los más recónditos lugares del mundo.

La influencia de Ramón sigue aún vigente a través de la habilidad expresiva de sus poemas y escritos. Sus palabras, recogidas en sus libros Cartas desde el infierno y Cando eu caia nos invitan a reflexionar sobre temas como la vida y la muerte, el sentido del dolor, la dignidad, los derechos y el papel de la religión y del Estado. Pero ante todo representan un canto a la vida y a la libertad.

Artículo publicado originalmente en el número 92 de la revista de DMD.

Madeleine, una historia (personal) que cambió muchas vidas

Prensa DMDArtículos Revista, Noticias, Portada

Fue la primera persona que permitió que una periodista presenciara su suicidio asistido para después contarlo. Madeleine murió acompañada por voluntarios de DMD. También por Ana Alfageme, médica además de periodista, autora de un reportaje que impactó en la sociedad española y abrió camino hacia el derecho a la eutanasia.

Por ANA ALFAGEME

– Ana, hay una mujer que quiere dar testimonio.

Una llamada de teléfono puede cambiarte la vida. Ocurrió tras aquella conversación con Fernando Marín, médico y miembro de DMD, en un día de otoño de 2006. Hablar con Fernando siempre era importante. Lo sabía desde que, al hilo del caso Leganés y del de Terry Schiavo, le contacté para elaborar una información sobre la sedación terminal y la muerte en casa. Recabé varios testimonios de familiares de enfermos que habían sido sedados por Fernando. Todos accedieron a hablar impelidos por su convencimiento en alcanzar el derecho a la eutanasia —que entonces se antojaba muy lejano— pero sobre todo por agradecimiento. El que genera haber sido acompañados en el final de la vida de sus allegados.

Fernando me contó que la mujer se llamaba Madeleine, que había tenido una vida de película y que padecía ELA. No quería morir paralizada ni a merced de los cuidados de otros. Deseaba suicidarse en compañía de voluntarios de DMD. Y estaba dispuesta a que un periodista asistiese a su muerte.

Yo sentí un escalofrío que iba más allá del miedo. Pese a ser médica, nunca había visto morir a nadie. Como periodista ese estremecimiento me decía que iba a conseguir una exclusiva que haría temblar los cimientos de la discusión pública sobre la muerte digna, el último gran derecho que quedaba por conquistar. Pero no albergué dudas. Los periodistas tenemos la obligación de contar lo que ocurre, lo más cerca y directamente posible. Y debía relatar cómo una persona en plenas facultades que quería acabar con su vida antes de no poder valerse por sí misma se vería abocada a morir sola, sin un entorno seguro. Clandestinamente. Algo que no ocurriría de tener un respaldo legal para acompañar médicamente su deseo de terminar con el sufrimiento que le causaba la enfermedad.

Por aquel entonces, en 2006, el apoyo a la eutanasia entre los jóvenes rondaba el 75% y en el conjunto de la población eran mayoría (53%) los que estaban a favor de la muerte digna. Como ciudadana tenía claro que la sociedad española necesitaba una ley que garantizara el derecho a bien morir y como médica me sentía muy próxima al sufrimiento que generan las enfermedades degenerativas y terminales.

Compartí la propuesta con muy pocas personas. Casi nadie de mi entorno, por miedo a que de alguna manera, aunque se diera una remota casualidad, la voluntad de Madeleine se frustrara. Lo mismo ocurrió en El País, dónde entonces yo era redactora jefa de la sección de Madrid. El subdirector al que informé lo consultó con el director y hablamos solo con el maquetador de las páginas y el responsable de fotografía. No nos planteamos realizar un video, ni tomar fotografías el día de su muerte. Nos parecía demasiado invasivo. Lo que iba a ocurrir sería un acontecimiento íntimo. Decidimos retratar a la mujer en su casa, semanas antes.

“Madeleine había sobrevivido a mil avatares. Escapó de los nazis en París, se casó casi adolescente para salir del orfanato y huyó del maltrato de su primer marido. Hasta Jacques Brel compuso una canción para ella”

Viajé dos veces en diciembre de 2006 para conocer a Madeleine. Incluso atenazada por la enfermedad, sola y recluida en un piso modesto de Alicante, derrochaba vitalidad y ganas. Amaba viajar —sus paredes estaban forradas de postales que sus amigos le enviaban desde cualquier punto del globo—, leer, los gatos y las plantas. Cocinó para el fotógrafo y para mí y nos despidió con el mejor paté que yo había probado jamás.

Fui consciente de que había comenzado la cuenta atrás de la vida de Madeleine mientras anotaba el primero de los inacabables capítulos de su vida, al mirar las fotografías en blanco y negro de aquella mujer aventurera que había sido bellísima. Desde muy pequeña supo sobrevivir a mil avatares, empezando por ocultarse bajo un asiento para escapar a los nazis en París. Se casó casi adolescente para salir del orfanato y hubo de huir del maltrato de su primer marido. Vivió el París de los garitos humeantes de Saint Germain y hasta Jacques Brel compuso una canción para ella. Había sido modelo de ropa interior y de peluquería.

Madeleine retenía una dignidad y una picardía que invitaba siempre a la conversación y a las risas. El afecto surgió en esa primera cita y aquello era una muy mala noticia para mí. Tenía por delante un trabajo ímprobo, necesitaba explorar los recovecos de su vida, preguntar mucho y escuchar más. Saber el por qué de su decisión. Con el segundo marido, el amor de su vida, montó un restaurante en Alicante. La muerte de este, que pedía constantemente acabar con sus sufrimientos, estaba en la base de sus deseos. No quería terminar como él.

Supe que debía fotografiar mentalmente su casa para conocerla más, grabar en mi cabeza su tono de voz, su acento francés, ese “fenomenal” con lo que definía casi todo. Debía empaparme tanto en ella como para escribir un libro. Para luego tener que despedirme, despedirla, un día fijado. El 12 de enero de 2007. Y eso sonaba devastador. No solo por asistir a una muerte por primera vez. Nuestro trabajo como periodistas consiste en bucear en los hechos y en las personas. La empatía funciona como una correa de transmisión que carga de verdad y emoción las historias. Pero para desplegarla hay que pagar un precio enorme.

El día que Madeleine fijó su muerte tenía sus razones. Y oírla desgranarlas resultaba durísimo. Me contó que no quería empañar la Navidad de su hijo —al que no comunicó su decisión, pensaba que no lo entendería— y sus nietos y además para esa fecha ya habrían ingresado su pensión. No quería dejar cargas. Moriría un viernes para que fuese hallado su cuerpo el sábado, día en el que su hijo estaría en casa.

Mis navidades fueron muy distintas. La cuenta atrás acrecentaba mi inquietud. Ya no vería a Madeleine hasta el 12 de enero, pero hablaba a menudo con ella por teléfono. Le dejaba mensajes en el contestador y me respondía cuando podía hablar. Despejaba dudas, preguntaba algún detalle. La proximidad, las risas, las confidencias, iban creciendo.

“Los periodistas nos anestesiamos anotando datos. Pero inevitablemente, las sensaciones arañan el cuaderno y los ojos de la persona que lo rellena. Yo me rompí cuando Madeleine me abrazó para despedirse”

Llegó aquel viernes de enero. Recuerdo el viaje en furgoneta con Fernando y otra mujer. El sol invernal iluminando el parabrisas y acompañando la que esta vez, sí, sería la auténtica cuenta atrás. Les confesé lo asustada que estaba. Temía desmoronarme. Cuando llegamos, Madeleine nos esperaba con vino y aperitivos. Una amiga, nerviosa, la acompañaba. Me regaló varios libros en francés, y un gato de porcelana.

Todo lo que pasó a continuación está documentado en el artículo que escribí. Los fotógrafos se protegen de la tragedia mirando a través del visor de la cámara. Los periodistas nos anestesiamos anotando datos, no olvidándonos de hacer posible la fidelidad a los hechos. Pero inevitablemente, las sensaciones arañan el cuaderno y los ojos de la persona que lo rellena. Yo me rompí cuando Madeleine me abrazó para despedirse.

De aquellas horas rememoro sobre todo imágenes. Luces y sombras. Luces. La de la bombilla mortecina de la cabecera de la cama de Madeleine cuando se acostó. Los faros que recorrían la avenida cuando ella dejó de respirar. Sombras. La penumbra que se desplegó cuando la mujer ya no estaba. La oscuridad que envolvió nuestra marcha, en silencio, bajando las escaleras.

No recuerdo cómo pude escribir aquella historia. Aún me lo pregunto. Sí que las páginas del periódico en las que lo hacía no estaban a la vista de nadie. Se volcaron en el supervisor del día de la publicación en el último momento, para sorpresa de todos. Los abogados del periódico me insistieron en que escribiese como si no hubiera estado allí, al lado de Madeleine. Como si alguien me lo hubiese contado. Me negué. Y hablé con el director, Javier Moreno, uno de los periodistas más valientes que conozco. Solo me hizo una pregunta: “¿Estás dispuesta a meterte en líos?”.

Con su fotografía en la primera página de El País y replicada después en los telediarios, Madeleine se hizo famosa después de morir. Yo era la primera periodista que había asistido al suicidio de una militante por la muerte digna. Las dos, sin ser conscientes, nos convertimos en pioneras en la lucha por el reconocimiento del derecho a la eutanasia, que se aprobaría 14 años después.

Una conocida locutora de una cadena católica pidió mi despido. Una editorial me propuso escribir un libro, pero no me sentí con fuerzas. El hijo de la mujer me llamó por teléfono. Había conseguido mi número a través de los mensajes en el contestador de Madeleine. Le consolé como pude asegurándole que su madre había tenido la mejor muerte posible. Él grabó la conversación y la difundió en un programa de televisión de máxima audiencia. También me denunció. Declaré que había estado presente durante la muerte de Madeleine y que impedir su suicidio habría sido contravenir sus deseos. El caso se archivó. En mi cabeza, la historia de Madeleine nunca pudo ser archivada.

En la imagen, Madeleine en un retrato del fotógrafo Ricardo Gutiérrez que ilustró la portada del diario El País el 17 de enero de 2007.

Artículo publicado originalmente en el número 92 de la revista de DMD.

Lerma tenía razón

Prensa DMDArtículos Revista, Noticias

Miguel Ángel Lerma, fundador de DMD, no era un visionario. Siendo profesor en Ciencias Exactas era sin duda un hombre lógico. El mal trago de la muerte de su madre le hizo pensar que el humano tiene derecho a morir con dignidad y libertad.

Por FERNANDO PEDRÓS

Esta fuerte convicción impulsó a Lerma viviendo en Madrid a afiliarse en 1983 a la veterana sociedad británica The Voluntary Euthanasia Society. Con esta experiencia fundó en España la asociación Derecho a Morir Dignamente. Para la mentalidad de los años ochenta el proyecto y estatutos de DMD eran un tanto libertarios y el Ministerio del Interior echó atrás la inscripción en el registro de asociaciones porque iban contra los principios de la deontología médica. El Ministerio estaba regido por el socialista Barrionuevo, pero ni siquiera la izquierda política tenía idea del derecho a morir en libertad y este fue el primer choque con el establishment.   

DMD es todavía un proyecto a contracorriente pues la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE) no ha sido la ley que se podía esperar, pero al menos ha quebrado la negatividad del Código Penal. No obstante, las sentencias del Tribunal Constitucional (TC) han dado la razón a Lerma al proclamar el derecho de autodeterminación de la persona como sujeto con capacidad de decisión libre y voluntaria. Así están avalando el alma y razón de los estatutos de DMD: “Promover el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla”. Lerma y DMD reconocieron cuando todos callaban la mayoría de edad del sujeto ante el dilema existencial de ‘ser o no ser’.

La razón constitucional que aporta el tribunal de garantías es que la autonomía personal legitima la decisión racional en unas circunstancias u otras, basta con que sea deliberada y racional. Con este razonamiento basado en los artículos 1 y 10 de la Constitución, la eutanasia ya no es una figura jurídica de una sociedad todavía bastante cerrada, sino la manifestación de la libertad del humano que tiene derecho a decir su última palabra sobre su existencia: si considera que no vale la pena, ya no tiene sentido, o porque es un puro consumir de tiempo y percibe que su vida está cumplida.

La cultura del morir está todavía por hacer y solo con la activa disconformidad se pueden dar pasos y progresar

Si hay alguna persona que pueda ser icono representativo de DMD en sus 40 años de vida es, en mi opinión, Ramón Sampedro. No era un intelectual sino un trabajador de la mar. Y si alguien ha estado concienciado, si alguien ha luchado por la libertad en el morir ha sido Ramón Sampedro, verdadero icono de la disidencia proclamada por DMD.

La experiencia nos dice que el sistema imperante en una sociedad suele absorber y silenciar cualquier crítica y disidencia, pero no pudo con la rebeldía del tetrapléjico Ramón que se curtió en mil batallas, incluso con los tribunales. Murió con conciencia de vencido, pero hoy el Tribunal Constitucional le da la razón y se la quita a los tribunales, incluso a una actuación del mismo TC que en alguna ocasión miró hacia otro lado para no dar la cara a favor del caso Ramón Sampedro.

La cultura de la muerte de nuestro país está todavía por hacer. Hemos sido poco rebeldes, en lugar de disidencia nuestro país ha sido lento en reacciones y demasiado tranquilo. Solo con la activa disconformidad se dan pasos y se progresa. Llevamos ya bastantes meses en que con sus sentencias ha hablado el TC. Este tribunal de garantías avala la LORE, pero ha puesto el listón de la autonomía y la libre autodeterminación del sujeto eutanásico muy por encima del nivel precario de la LORE. Para esas fechas el poder ejecutivo, el legislativo y también algún tribunal podían haber reaccionado ante las sentencias.

La exigencia de diálogo va también con las instituciones y cuando el TC dice su palabra de valor constitucional el resto de instituciones quedan interpeladas y algo tendrán que decir y que actuar. Es de esperar que el poder legislativo perciba que la libertad se ejerce en sociedad y que el Estado habrá de crear las condiciones de posibilidad para tal ejercicio; que los tribunales ante litigios de casos eutanásicos dictarán sentencias inspiradas en la palabra proclamada por el alto tribunal de garantías. Son esperanzas ante la ley del dialogo institucional que tiene que regir en toda sociedad democrática. Aunque por el momento sigue en vigor la ley del silencio, dejar pasar el impacto y que todo siga igual.

Artículo publicado originalmente en el número 92 de la revista de DMD.